| "Nació
en el año 1920, y murió 69 años después
un 3 de Marzo, en La Rambla, un pueblo alfarero de la provincia
de Córdoba. Eran malos tiempos (en esta zona había
bastante pobreza) pero podían ser peores, y lo fueron:
medio pueblo tuvo que emigrar después de la guerra,
parte de su familia lo hizo. Cuentan que de niño, viviendo
en el campo, apenas iba a la escuela, aunque le gustaba dibujar
y otros parientes y amigos en mejor situación le regalaban
lápices y pinturas. Pudo estudiar en Córdoba
a duras penas, con una beca concedida por la Diputación
Provincial de la ciudad. Luego fue a Sevilla, a Santa Isabel
de Hungría, pero allí no se podía aprender
el arte de vanguardia así que abandonó la escuela.
Se casó con Antonia Carballo cuando ya ambos eran mayores.
No tuvieron hijos. Ella se convirtió en uno de los
pilares fundamentales de su vida, el otro fue el arte.
Recuerdo que unos meses después de su muerte entré
por primera vez, con él ausente, en su casa, taller
o “santuario”, donde tantas conversaciones habíamos
mantenido años atrás sobre la esencia del arte,
de éste como modo de vida, de la necesidad de alternar
varias facetas artísticas para poder subsistir, etcétera,
etcétera. No fue fácil aceptar su falta, porque
todos sus gestos te abrazaban al cruzar la primera puerta;
todas las huellas que una persona grava en una vida estaban
allí, materializadas de la forma más sincera
que jamás he visto. Cientos de cuadros, de esculturas,
de cerámicas, incluso poesías, reunidos para
hacer el museo con el que había soñado. La mayoría
de la obra producida durante los últimos treinta años
lo acompaña hasta su muerte, creciendo en cantidad
y en calidad. Quién sabe si fue ese apego tan fuerte
lo que hizo que se mantuviera fiel a sus principios, permaneciendo
al margen del vapuleante mercado del arte a pesar de su digna
pobreza...."
"Lo indecible y lo informe: el barro
en la obra de Alfonso Ariza" Carmen Osuna
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